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Los Romances Españoles: El Romance de Abenámar 1

ByLeo Spitzer

Cuando el señor Director aceptó mi propuesta, como tema de mi conferencia, de una explication de texte, la idea que debe de haberle determinado era sin duda la siguiente: todos los estudiantes de una literatura determinada tienen nociones generales sobre el desarrollo histórico de esta literatura y sobre las obras maestras que señalan su decurso, pero existe en ellos, de vez en cuando, una cierta vaguedad o vacilación cuando se trata de reconocer en la obra particular concreta o en un pasaje concreto las ideas generales o abstractas, enseñadas por las historias de la literatura. Se habla del perspectivismo de Cervantes o de la mente antitética de Victor Hugo sin poder poner el dedo hic et nunc sobre los aspectos particulares de ese perspectivismo o mente antitética en un párrafo particular de una obra particular de esos genios. Por añadidura, suele mediar un abismo entre la consideración de la forma lingüistica concreta de una obra de arte y la de los valores estéticos que podemos desprender de ella. Pero ya que en arte toda maestría consiste en lo concreto y en lo formal, en la encarnación de la idea consumada por el artista, la apercepción artística de parte del lector saldrá incompleta si no logra integrar la forma y el contenido, ver en el pormenor microscópico el macrocosmo creado por el artista según sus planes, y la mente artística en su elaboración de los pormenores. Por eso los franceses han introducido en su sistema de enseñanza la explication de texte, género científico derivado en último lugar de la exégesis bíblica y de la filología clásica de los humanistas, que corresponde al interés que sienten los franceses en lo pequeño que refleja lo grande, en la tarea deliberadamente limitada de cultiver son jardin. Son los franceses los que con más devoción y esmero que otras naciones han estudiado y siempre estudian todos los lotes del ordenado jardín de su literatura. La explication de texte parte del ejemplo concreto de un pasaje particular y lo trata como paradigma de la obra total de un autor, de un género, de una época, posiblemente de la nación, ensartando el pormenor en el conjunto y ascendiendo de grado en grado desde lo materialmente dado hacia más altas categorías espirituales. Hay aquí un espléndido ejercicio de observación inmediata de producto humano, contemplado en primer lugar como si fuese un objeto material (un mineral, etc.), para después extraer de este material concretizado su valor humano. Los ojos aguzados para percibir lo visible abren paso a lo que San Agustín llamó los “ojos del espíritu’’.