chapter  6
El mono´logo de Sancho
ByJUAN BAUTISTA DE AVALLE-ARCE
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University of California, Santa Barbara Para su tercera salida, en 1615, don Quijote está bien pertrechado física y espiritualmente. Ha tenido una confortante charla con el bachiller Sansón Carrasco (Don Quijote, II. 3), quien ha acabado de volver a la aldea de sus estudios en la universidad de Salamanca, donde ha tenido oportunidad de leer las aventuras de amo y criado publicadas en 1605. Esto tiene un efecto inefable en el ánimo del caballero andante y se dispone a salir otra vez para buscar nuevas aventuras: ‘Quedaron en esto y en que la partida sería de allí a ocho dias. Encargó don Quijote al bachiller la tuviese secreta, especialmente al cura y a maese Nicolás, y a su sobrina y al ama, porque no estorbasen su honrada y valerosa determinación’ (Don Quijote, II. 4, 570).1 Es bien sabido que Sansón Carrasco no mantuvo el secreto sino que lo compartió con el Cura y el Barbero, con consecuencias que resuenan hasta las últimas páginas de la novela de 1615. Por su parte, don Quijote ‘al anochecer, sin que nadie lo viese, sino el bachiller que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso’ (Don Quijote, II. 7, 589). Préstese atención al hecho de que no hay la menor vacilación ni discusión: la tercera salida será por el Toboso, con el fin implícito de despedirse de la dama de sus pensamientos: ‘En fin, otro día al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto’ (Don Quijote, II. 8, 596). Se comienzan a entretejer tenazmente en el argumento de 1615 las mentiras de Sancho en 1605 que se coronarán con el encantamiento de Dulcinea. Llegan al Toboso de noche y Sancho observa con toda sensatez: ‘Señor, ya se viene a más andar el día y no será acertado dejar que nos halle el sol en la calle: mejor será que nos salgamos fuera de la ciudad y que vuestra merced se embosque en alguna floresta aquí cercana y yo volveré de día, y no dejaré ostugo en todo este lugar donde no busque la casa, alcázar o palacio de mi señora’ (Don Quijote, II. 9, 600). Así se efectúa y los dos se emboscaron en una ‘floresta, encinar o selva’, y allí don Quijote ‘mandó a Sancho volver a la ciudad y que no volviese a su presencia sin primero haber hablado de su parte a su señora, pidiéndole fuese servida [...] de 1 Cito por la edición de Martín de Riquer (Barcelona: Juventud, 1968).