chapter  15
El arte de la discrecio´n en La Galatea
ByAURORA EGIDO
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Universidad de Zaragoza Si, como decía Cervantes, ‘la discreción es la gramática del buen lenguaje, que se acompaña con el uso’, hay que decir que aquélla impregna toda su obra, mostrando una doble faz, ética y estética, que se manifiesta tanto en los aspectos formales como conceptuales, afectando incluso a los modos de comportamiento que impulsan la acción de los personajes.1 El catálogo de discretos y discretas que puebla sus novelas es amplísimo, aunque no falten en su teatro, incluidos los entremeses, donde la discreción brilla con pespuntes irónicos desde la dedicatoria, donde la desazón del autor por no verlos representados, se traduce en una queja elíptica contra ‘los farsantes que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes y de graves autores’. Aunque la discreción tuviese tradicionalmente un componente moral y teológico, conviene no olvidar su relación con la retórica, ya que en ésta es fundamental un principio de elección que también afectaría a la literatura. Cicerón, a la zaga de los escépticos, había unido sabiduría y elocuencia, rechazando la arrogancia y la temeridad en La invención retórica, donde, al tratar de los atributos de las personas, habla del consilium o capacidad de decisión razonada según las circunstancias, situándolo junto a la prudencia.2 La conexión entre retórica, política y prudencia fue también fundamental en las preceptivas del Humanismo que relacionaron el decoro con los comportamientos sociales.3 Ya Aristóteles entendía que la retórica puede lograr la persuasión tanto hacia lo bueno como hacia lo malo, concediéndole un papel educador que implicaba toda una filosofía moral.4 1 Para todo ello, véase nuestra edición de Baltasar Gracián, El Discreto (Madrid: Alianza, 1997), 9-35 y 83-99. Según Alfonso Martín Jiménez, Retórica y literatura en el siglo XVI. El Brocense (Valladolid: Univ. de Valladolid, 1997), 25-26, los humanistas vieron en la elocuencia un medio de volver mejor y más civilizado al hombre. 2 Cicerón, La invención retórica, ed. Salvador Núñez (Madrid: Gredos, 1977), 14. También en Sobre el orador, ed. Javier Iso (Madrid: Gredos, 2002), encareció la prudencia del orador ideal como paideía o modelo educativo. 3 Véase Bernard Weinberg, A History of Literary Criticism in the Italian Renaissance (Chicago: Univ. of Chicago Press, 1961), cap. 1. 4 Aristóteles, Retórica, ed. Quintín Racionero (Madrid: Gredos, 1990), 56, presentó la retórica como paideia moral de la filosofía, relacionando la elección del bien con los recursos de la oratoria.