ABSTRACT

De este conjunto testimonial en lengua castellana, dos escritores filipinos destacan singularmente: Jesús Balmori (1897–1948) y Benigno del Río (1906–1970). Ambos autores han suscitado recientemente el interés de la crítica (Donoso 2010, vii–lxii; Lifshey 2016, 135–157; Gasquet 2020, Villaescusa Illán 2020, 155–193, López-Calvo 2020; Gasquet 2023a, xv–xliv). El primero escribe la novela Los pájaros de fuego durante la ocupación y la termina tras la liberación de Manila. El manuscrito dactilografiado fue comprado por el gobierno filipino más para ayudar al poeta que se hallaba en la miseria tras la guerra que con criterio patrimonialista; la edición príncipe recién se realiza en 2010. La novela narra las vicisitudes de la aristocracia filipina a través de la parábola de la familia Robles, que pasa de los fastos anteriores a la guerra a la más profunda indigencia, conoce el infortunio material y el oprobio moral con la ocupación nipona, hasta su desintegración trágica. El patriarca, Don Lino Robles, admirador de Japón (como una parte considerable de la élite filipina), será humillado y exterminado; su hija Natalia será vejada colectivamente por una tropa de soldados nipones; su hijo Fernando se convertirá en un soldado fantasmal hasta que sucumbe; Sandoval, el yerno de Don Lino, venderá su alma al invasor y se hará colaboracionista. Esta novela es mucho más que una mera parábola de la guerra y su cohorte de infortunios, o una novela antibelicista. Es con mucho una suerte de autocrítica del escritor, pues se reconoce en múltiples pasajes la decepción personal del autor, quien, habiendo sido desde su adolescencia un intelectual filojaponés y más tarde – durante y tras la guerra civil española– devoto franquista, sufrió la brutalidad del invasor nipón –su casa en Ermita es dinamitada por el ocupante–. La aristocracia filipina se consideraba a sí misma como la élite más altamente civilizada de aquella parte de Asia, y su patriotismo los había llevado a mirar con suma admiración el despliegue del Mikado en todo el teatro regional. Los japoneses parecían encarnar la alta cultura asiática frente al neocolonialismo estadounidense – denostado por los nacionalistas–. Jesús Balmori no era un caso aislado, sino antes bien representativo.