ABSTRACT

Si la época que nos ocupa se ha dado en llamar “Edad de oro de la literatura hispanofilipina”, esta será especialmente dorada en el terreno de la poesía, que es el género más transitado. Los y las poetas de estas tres primeras décadas del siglo XX podrían ser llamados “segunda generación de ilustrados” por compartir con la primera la proyección artístico-literaria de sus preocupaciones políticas, su cuidada formación académica y, la mayor parte de las veces, su pertenencia a las clases políticas, a profesiones liberales y, en su mayoría, a la alta burguesía del país (Ortuño Casanova 2017) 1 . Además, tenían como objetivo, de alguna manera, continuar la labor de los revolucionarios de 1896 –ilustrados de primera generación–, convertidos tras la ocupación estadounidense en héroes de la patria. Imitaban de ellos incluso el uso literario de la lengua española, lo cual, al poco de la llegada de los norteamericanos, se había convertido ya en un acto de resistencia frente a la lengua de la nueva potencia invasora. Desde esta nueva estética modernista continuaron también la exploración de la identidad nacional, que incluía la descripción de paisajes bucólicos, de mujeres filipinas y la idealización del amor infatuado del filipino (la mayor parte de los poetas analizados son hombres) por alguna dalaga (Ortuño Casanova 2014), pero como vemos en los tópicos o temas 0 y 5 de la tabla 1, la resistencia está muy presente.